La revolución rusa del año 1905 hizo retornar los sueños recuperar la independencia. Ni en el Reino de Polonia, ni en la misma Rusia se consiguió llevar a cabo ningún cambio político importante, pero las esperanzas de los polacos volvieron a despertarse; retornaron los recuerdos de las insurrecciones nacionales. Parte de las agrupaciones políticas se declaraba a favor de la lucha armada por la independencia, otras optaban por la política de negociaciones con las potencias particionistas. Todos, sin embargo, sabían que sin un conflicto militar a escala europea, sin una guerra entre las tres potencias, la cuestión de la independencia polaca no tenía ninguna posibilidad de hacerse realidad. El problema fundamental era la selección de los aliados: unos como Józef Pilsudski, uno de los independentistas, se declaraban a favor de una colaboración con las potencias centrales; otros, como Roman Dmowski representante de agrupaciones nacionalistas, veían la oportunidad en una alianza con Rusia y con los países de la Entente: Francia, Gran Bretaña y luego Estados Unidos.



