El período en el cual los reyes de la dinastía Wettin de Sajonia (Augusto II y Augusto III) se sentaban en el trono polaco, coincidió con la merma progresiva de la importancia política y militar de Polonia. La participación en la Guerra del Norte (1702-1721) trajo consigo incluso más devastación. Además, a partir de ese momento, las potencias vecinas comenzaron a inmiscuirse en los asuntos internos de Polonia. El ejemplo más evidente de esa tendecia fue el "nombramiento", por parte de los suecos, de Stanislaw (Estanislao) Leszczynski como rey de Polonia (1704 -1709). No obstante, hay que reconocer a los Sajones que, en una situación donde era imposible mantenerse neutrales ante el conflicto ruso-sueco, no sólo consiguieron mantener la unidad territorial del Estado, sino también evitar el deterioro cultural del país. Aunque débil y dependiente de los vecinos, Polonia continuaba su rápido desarrollo económico en el marco europeo. Sin embargo cualquier intento de enmienda de las relaciones interiores terminaba siempre por fracasar, no sólo por las intervenciones encubiertas de Rusia, Prusia y Austria sino, ante todo, por culpa de las luchas entre los clanes de magnates: los Potocki, los Czartoryski, los Sapieha, cada vez más dependientes, también económicamente, de las grandes potencias extranjeras.



