Durante el reinado de los últimos Piast: los reyes Wladyslaw Lokietek (Ladislao el Parvo) y Kazimierz Wielki (Casimiro el Grande) se reunificó la mayor parte de los territorios polacos.
Polonia se convirtió en un país fuerte, ágilmente administrado, que participaba activamente en la vida política, económica y cultural de Europa. Precisamente en ese periodo, en 1364, se fundó la universidad de Cracovia, la segunda en Europa Oriental, después de la de Praga. La capital de Polonia desempeñaba entonces el papel de un centro diplomático europeo. Aquí, en el año 1364, se celebró un encuentro de reyes. El principal problema del país eran los permanentes conflictos con los bohemios, a causa de Silesia y, desde el año 1226, con los Caballeros Teutónicos, que habían conseguido crear en Prusia un fuerte estado que amenazaba constantemente las fronteras polacas.
Casimiro el Grande no tuvo herederos legítimos y, en 1370, se extinguió la línea principal de la dinastía Piast. El trono polaco pasó a la dinastía Anjou: a Luis de Hungría (1370-1384) y a su hija Eduvigis. Esa dinastía estuvo aliada con anterioridad y unida con los Piast por lazos de parentesco. La amenaza de los Caballeros Teutónicos inclinó entonces a Polonia a forjar una alianza con Lituania. Los resultados de las negociaciones fueron: el matrimonio de Eduvigis, aún menor de edad pero coronada como Reina de Polonia, con Jagiello (Jaguelón), el Gran Duque de Lituania, y el Acta de Unión de ambos países, firmada en Kreva en 1385.



