Al mismo tiempo el Estado, cada vez más débil, era incapaz de defenderse frente a las aspiraciones de las potencias vecinas. Rusia, Prusia y Austria llevaron a cabo el Primer Reparto de Polonia en 1772; la República de las dos Naciones perdió entonces un tercio de su territorio. A esa situación habían contribuido en gran medida el creciente desorden interno y los pronunciamientos de la nobleza. Las radicales reformas llevadas a cabo en Polonia en los años noventa del siglo XVIII (la Constitución del 3 de mayo de 1791) propiciaron una nueva intervención de Rusia y Prusia, preocupadas por la posibilidad de tener una Polonia fuerte como su vecino. A pesar de la resistencia, Polonia fue subyugada por una fuerza superior: en 1793 se realizó el Segundo Reparto de Polonia. Esta vez ayudaron activamente a las potencias particionistas los traidores a la patria, autores del pronunciamiento de Targowica.
La derrota de la insurrección anti-rusa del 1794 (la insurrección de Kościuszko) fue el último y decisivo golpe a la Polonia independiente. A pesar de algunas victorias anteriores, el popular y valiente Caudillo de la Nación, general Tadeusz (Tadeo) Kosciuszko, héroe, junto con Kazimierz (Casimiro) Pułaski, perdería la batalla decisiva de Maciejowice, el mismo fue hecho prisionero por los rusos.
En 1795 Rusia, Austria y Prusia terminan repartirse los territorios de la República Polaca y obligan a abdicar a Estanislao Augusto. A partir de este momento Polonia "tenía que ser borrada del mapa de Europa para siempre".



