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Iglesias y la vida religiosa

La tercera confesión por número de fieles es la protestante, dividida en varias iglesias. La Iglesia Evangélica Luterana (de Augsburgo) cuenta con más de 85 mil personas entre las cuales, además de polacos, también hay un grupo considerable de personas de origen alemán. La Iglesia Congregacional de Pentecostés cuenta con unos diecisiete mil fieles; la Iglesia Adventista del Séptimo Día con diez mil. Las demás iglesias protestantes tienen entre cinco y seis mil fieles.

En Polonia también están presentes las llamadas iglesias católicas antiguas, desvinculadas de la Iglesia Católica Romana, entre ellas está la Iglesia Católica Antigua de los Mariavitas, la Iglesia Católica Polaca y la Iglesia Católica de los Mariavitas. Entre todas cuentan cerca de cincuenta mil fieles.

La Congregación de los Testigos de Jehová cuenta con unas 130 mil personas.

Al lado de las iglesias ya mencionadas, existen en Polonia otras religiones, entre ellas la Asociación Religiosa Musulmana, la Asociación de las Comunidades Confesionales Judías (religión de Moisés), Asociación Religiosa de Karaim (religión fruto de la mezcla de judaísmo e Islam, profesada por las minorías étnicas de origen turco) y un grupo bastante numeroso de organizaciones relacionadas con las religiones orientales, como la Asociación Internacional de Hare Krishna y la Asociación Budista.

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Un rasgo característico de la religiosidad polaca es el apego a las prácticas y ritos cristianos tradicionales tales como la participación en las peregrinaciones a los lugares de culto, procesiones litúrgicas (como por ejemplo la del Corpus), ejercicios espirituales que se realizan en la época de Adviento y Cuaresma, fiestas patronales y romerías parroquiales. Destaca entre ellos el culto a la Virgen María, venerada de un modo especial en la imagen de la Virgen Negra de Czestochowa, en la Virgen Dolorosa de Lichen, y en muchos otros santuarios diseminados por todo el país.

La religiosidad polaca adquirió una dimensión totalmente nueva después de la elección de Karol Wojtyla, Arzobispo de Cracovia, como obispo de Roma en el año 1978. El Papa polaco, quien tomó el nombre de Juan Pablo II, llevó a cabo una verdadera revolución en el seno de la Iglesia Católica, abriéndola a los problemas del mundo moderno. En Polonia Juan Pablo II es visto de un modo especial, ya que su pontificado suele vincularse con los grandes cambios sociales y políticos que tuvieron lugar en los años ochenta del siglo veinte. El Papa Juan Pablo II sigue siendo una incuestionable autoridad moral para la sociedad polaca, y no sólo para los creyentes.

En Polonia la Iglesia Católica está indisolublemente unida al concepto de Estado Polaco. La primera fecha importante en la historia del país fue la aceptación del cristianismo por Mieszko I, soberano de la tribu de los polanos, en el año 966. La formación de las estructuras estatales estuvo vinculada a la implantación del cristianismo y a la creación de la administración eclesial. Desde aquel entonces, la Iglesia ha estado apoyando la unidad e independencia del Estado Polaco, lo cual resultó particularmente importante en la época de las particiones con la consiguiente pérdida de independencia (1795-1918), posteriormente durante la II Guerra Mundial, y de nuevo durante el periodo del poder comunista.


 

 

 

 

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Łuków, comunidad de Lublin, vista parcial del monumento a Juan Pablo II

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Varsovia, la Catedral Ortodoxa de Santa María Magdalena

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Varsovia, la Sinagoga Nożyk

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Podlasie, una cruz al lado del camino