Polonia no volvió a recuperar la estabilidad hasta la llegada al trono del hijo de Micislao II, Casimiro. Gracias a la ayuda del emperador Conrado y a las acertadas alianzas forjadas, principalmente con la Rutenia de Kiev, el príncipe, llamado el Renovador por las generaciones posteriores, reestableció la unidad administrativa del país recuperando Silesia, Mazovia y Pomerania. También volvió a dar la importancia a Polonia en el foro internacional. Boleslao el Atrevido continuó la política de su padre. Su toma de partido del lado del Papa en el conflicto de las investiduras, así como su talento militar, le permitieron recuperar la corona real en 1076. De él dependía la decisión de quién iba a ocupar los tronos de Rutenia y de Hungría, y supo frenar la expansión del imperio alemán hacia el Este.
No obstante, en 1079 Boleslao II perdió el trono debido a la rebelión de la oposición interna, aliada con el emperador y con los bohemios (checos). También influyó su impacto en esa situación el conflicto del rey con el obispo de Cracovia, Estanislao, por el cual Boleslao II perdió el apoyo de la Iglesia católica.



