Desde los principios del siglo XVII, Polonia se encontraba interrumpidamente en estado de guerra con alguno de los países vecinos. Las victorias militares: en 1605 en Kircholm, sobre los suecos; en 1610 en Kluszyn sobre los rusos; en 1621 en Chocim sobre los turcos; se entrelazan con las derrotas: en 1612 el fracaso de la intervención polaca en Rusia; en 1620 la derrota en Cecora contra los turcos; en 1648 una serie de descalabros durante la sublevación de los cosacos, capitaneados por Chmielnicki, en Ucrania. Estas circunstancias forzosamente tuvieron que hacer mella en la situación interior de Polonia: el país se estaba devastando, el Tesoro se vacíaba, las Dietas resultaban completamente inoperantes desde el año 1652, crecía la oposición de la nobleza al poder del monarca. La culminación de las desgracias resultó ser el periodo del "diluvio sueco" en los años 1655-1660, cuando el país tuvo que enfrentarse al mismo tiempo a la invasión de las tropas suecas, rusas, cosacas, prusianas y transilvanas. Aunque esa guerra terminó con la victoria, Polonia salió de ella devastada y muy debilitada interiormente. Debido a las presiones de la Contrarreforma y a las guerras con los países gobernados por no-católicos (Rusia ortodoxa, Suecia protestante) comenzó a menguar la tolerancia religiosa, sucedían revueltas de nobles y grandes magnates de la aristocracia contra el rey, lo que finalmente desembocó en una guerra civil, en 1655, que concluyó con la abdicación del rey Juan Casimiro en 1688.



