Gracias a la lucha para mantener el espíritu nacional y a las consignas particulares del movimiento positivista polaco, la cultura polaca se desarrollaba intensamente. La obra artística de los escritores como Bolesław Prus, Eliza Orzeszkowa, Stefan Żeromski, Adam Asnyk y pintores como Jan Matejko, Józef Chełmonski, Henryk Siemiradzki y Stanisław Wyspiański, este último también un destacado dramaturgo, data precisamente de ese período. En 1905 Henryk (Enrique) Sienkiewicz recibió el Premio Nobel de Literatura.
También la ciencia polaca estaba floreciendo: en 1886 los científicos Zygmunt Wróblewski y Karol Olszewski fueron los primeros en obtener el oxígeno y el nitrógeno líquidos. En 1887, Ignacy Lukasiewicz elaboró el procedimiento para la obtención de queroseno a partir del petróleo e inventa la primera lámpara de queroseno; en el mismo año Ludwik (Luis) Zamenhoff publicó su manual de la lengua que creo el mismo-el esperanto. La culminación de la actividad científica de los polacos fueron los dos premios Nobel concedidos a María Skłodowska-Curie por los logros obtenidos en el campo de la física (1903) y la química (1911).



