El reinado de Micislao (¿-992) y de su hijo Boleslao llamado el Bravo, es la época de la unificación de las tribus polacas y de la formación de un Estado moderno, fuerte no sólo internamente, sino también capaz de participar activamente en la política europea. Entre los años 972 y 990, como resultado de conflictos militares, del desarrollo del comercio, de matrimonios contraidos y también de la creación de estructuras administrativas basadas, entre otras, en las estructuras de la iglesia, se unieron a Polonia Pomerania, Polonia Menor y Silesia.
Lo más destacable es que Polonia se convirtió en un país que tenía importancia en la escena internacional. Las guerras, llevadas a cabo con gran habilidad tanto por Mieszko como por Boleslao, aportaron a Polonia no sólo adquisiciones territoriales: Castros de Czerwien (Grody Czerwienskie) y también, temporalmente, Moravia y Lusacia, sino también la posición de un Estado fuerte y peligroso para un eventual enemigo, incluyendoen ese grupo al emperador alemán. Los mayores éxitos de la política exterior de los primeros soberanos de la dinastía Piast fueron el encuentro de Gniezno en el año 1000, durante el cual el emperador Otón III reconoció en Boleslao el aliado más importante en la obra de unificación de Europa bajo el cetro imperial y aceptó la creación de una provincia eclesial polaca independiente, así como la coronación de Boleslao I en 1025.



