Los Tatras – una cordillera que se extiende por ambos lados de la frontera polaco–eslovaca, constituye una parte de los Cárpatos, el sistema montañoso que en forma de un gran arco atraviesa los territorios de Rumania, Ucrania, Eslovaquia y Polonia. En Polonia, un país dominado mayormente por llanos y planicies, la gente ama a los Tatras. Todas las estaciones del año los turistas de todas las partes de Polonia y del extranjero suben las rutas turísticas de la cordillera.
El Parque Nacional de los Tatras ubicado 100 kilómetros al sur de Cracovia es el parque nacional más visitado de todo el país, que cautiva con su extraordinario paisaje alpino, formado por los picos abruptos y aristas rocosas, pendientes empinadas, valles profundas, circos glaciales, barrancos, lagos y arroyos de aguas rápidas. La cumbre más alta de Polonia se llama Rysy y se yergue en la frontera polaco-eslovaca alcanzando 2499 metros sobre el nivel del mar.
Dentro del Parque Nacional de los Tatras se han trazado 270 kilómetros de rutas turísticas de diferentes niveles de dificultad, desde las más fáciles, destinadas para paseos recreativos, hasta las más exigentes, que requieren gran destreza y están provistas de equipos de seguridad como cadenas, pitones, peldaños. También hay rutas para escaladas alpinistas. Desde hace pocos años existe la posibilidad de cruzar la frontera en los lugares donde se juntan las rutas turísticas de Polonia y Eslovaquia.
Fauna y flora de los Tatras es muy rica y variada. Las plantas típicamente alpinas, que tienen sus habitats en los Tatras, incluyen: pino cembra, edelweiss, crocus y carlina angélica. Hay también unas reliquias del período glacial, como salix reticulata o dryas octopetala. El mundo de animales también tiene sus peculiaridades únicas. Los Tatras constituyen uno de los lugares muy escasos en el mundo donde se puede observar oso pardo, lince europeo o águila real.
Los Tatras son excepcionales también por la simbiosis armoniosa de los encantos de la naturaleza con el folclore montañés omnipresente en el dialecto local, en los vestidos, en la música y arquitectura. Los antiguos colonos polacos que llegaron aquí de los alrededores de Cracovia, cuando establecieron sus poblaciones a los pies de los Tatras se mezclaron con los pueblos valacos ambulantes y pastoriles, procedientes del sur de Europa, creando una cultura de los „gorales”, es decir montañeses de Podhale. Cada turista que ha visitado los Tatras sale con un recuerdo de sabor de los famosos quesos tradicionales de esta zona: bundz, oscypek, bryndza y de żentyca - una bebida muy sabrosa y refrescante de leche ovejuna. La música muy característica de la región resuena en las calles y restaurantes. El arte y el folclore montañés, muy en boga en todo el país a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, popularizaron el estilo arquitectónico utilizado para construir casas de madera, cuyos ejemplos magníficos se pueden encontrar en la ciudad de Zakopane y en toda la comarca de Podhale.
Prácticamente cada localidad situada cerca de los Tatras puede servir de base para las excursiones a la montaña. Especialmente destacan: Zakopane, Witów, Kościelisko, Poronin, Małe Ciche, Murzasichle, Bukowina Tatrzańska y también las poblaciones en el lado eslovaco de la cordillera, por ejemplo Liptovsky Mikluas. En todas las localidades encontrarán albergues para pernoctar, una gastronomía excelente, un transporte público cómodo y una infraestructura para esquiar.
Si planean una excursión a la montaña, no deben olvidarse de llevar consigo equipaje necesario. Independientemente de la estación del año resulta obligatorio tener un impermeable, un jersey o suéter caliente, unos zapatos sólidos y un mapa. Antes de salir siempre hay que averiguar los pronósticos meteorológicos y los anuncios sobre las avalanchas, porque el peligro mayor para los turistas en los Tatras son precisamente los aludes.
Las atracciones turísticas obligatorias en los Tatras incluyen el teleférico al cerro de Kasprowy Wierch, el paseo hasta el lago montañés de Morskie Oko, una excursión primaveral entre los crocuses florecientes en el Valle Kościeliska y la vista panorámica de la cordillera admirada del monte Gubałówka.
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