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Por la independencia con las armas en la mano

Los polacos no abandonaron la idea de independencia plena. Ya en el año 1830, en consonancia con la oleada de protestas en toda Europa contra las decisiones del Congreso de Viena, estalló en el Reino de Polonia una insurrección militar (la Insurrección de Noviembre;29.11.1830), que proclamó la destitución del zar del trono de Polonia y convocó un Gobierno Nacional. A pesar de los éxitos iniciales, la insurrección fracasó. El Reino de Polonia se convirtió en una parte integral del Imperio Ruso y todos los logros políticos y económicos de los años 1815-30 se malograron. El Parlamento fue disuelto.
Los levantamientos sucesivos traían sucesivas derrotas. Así ocurrió en Cracovia en 1846, donde las autoridades reprimieron la sublevación utilizando, entre otros, a los campesinos polacos  y, como consecuencia, anexionaron la República Cracoviana a Austria. De un modo similar fracasó en 1848 la sublevación en La Pequña Polonia (Malopolska). Durante la Primavera de los Pueblos, los polacos estuvieron presentes en todos los lugares donde se luchaba contra el orden establecido por la Santa Alianza: en Italia (Adam Mickiewicz y Wojciech Chrzanowski), en Alemania (Wiktor Heltman, Ludwik Mierosławski, Franciszek Sznajde), en Austria (Józef Bem), en Hungría (Józef Bem, Henryk Dembinski, Józef Wysocki).
En la permanente controversia sobre si luchar en contra, o cooperar con las potencias particionistas, la idea de sublevación se impuso una vez más, en los años sesenta del siglo XIX. La Insurrección de Enero (1863-1865) terminó, sin embargo, con una derrota tan aplastante, que la idea de recuperar la independencia por la fuerza fue abandonada por muchos años.

 

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